Rafael Romero Masiá: De la forma a la estructura
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por Antonio Ventura para And-Art Works Magazine
Lo primero que sorprende ante cualquiera de las obras de Romero Masiá es la atmósfera que impregna los cuadros. Da igual a qué serie nos acerquemos, Abstractas Transparencias, Baldosas de Lisboa, Contrates, Paisajes Abstractos..., todas ellas, cada una con sus especificidades, participan de una unidad estética que, en primera instancia, vendría definida por una suerte de texturas que constituyen la materia prima fundamental de la obra de este artista.
Tres son los elementos que conforman una obra plástica: el color, la forma y la materia. Pocas parecerían a los ojos de un profano, pero no, la combinación de las múltiples representaciones que puede tomar cada uno de estos elementos, combinados entre ellos, dan lugar a una obra de arte, en esta ocasión, un cuadro. Parecería que a estas alturas del siglo XXI, hablar de cuadros fuera una entelequia, algo obsoleto. Nada más lejos, a mi juicio, de la realidad necesaria. Gracias a artistas emergentes como Romero Masiá, los amantes de la pintura, usuarios de arte que necesitan convivir con una obra estética, pueden satisfacer este deseo.
Antes nombraba los tres elementos que conforman la materia prima de una obra plástica. Los tres están presentes en la obra de este pintor, pero habría uno que, casi de manera invisible, conforma estas superficies sensibles: las formas que construye, a través del inteligente dibujo, integradas siempre en una estructura en la que la armonía define su apariencia, el arte final.
Flaubert (cito de memoria) decía que el escritor debía estar en su obra como Dios en la Naturaleza, presente en todo, pero invisible. Esta cualidad es la que preside y define la meticulosa obra de Romero Masiá.
No se queden en esa sutil atmósfera que nos atrapa nada más ver un cuadro de este pintor, atraviésenla, y observen, con la inocencia necesaria para contemplar una obra de arte, todos los elementos que lo componen. No traten de descubrir el truco en la representación del prestidigitador, se aburrirán, además de que no descubrirán ningún truco, pues no lo hay. Solo hay una lección estética que el artista realizó en su pelea, grata pelea, con el color, la materia y las formas a través del dibujo. Déjense arrastrar por la emoción que sin duda sentirán.