Marta Prats: el valor de lo esencial en el arte contemporáneo
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por Manuel Bonilla para And-Art Works Magazine
Una mirada contemporánea sobre lo cotidiano
Hay artistas cuya obra no busca llamar la atención pero que, sin embargo, perdura en la memoria del espectador. Marta Prats pertenece a esta categoría: su obra actúa con discreción, pero con una presencia duradera.
Su práctica artística, que comienza en la escultura, se expande hacia el dibujo, la acuarela y el grabado contemporáneo. Sin embargo, más allá de los medios, lo que permanece es una sensibilidad constante: la capacidad de transformar lo cotidiano en algo suspendido, casi detenido en el tiempo.
Flores, figuras o escenas aparentemente simples dejan de serlo. No ocurre nada extraordinario, y sin embargo, todo parece cargado de una presencia difícil de explicar.

Escultura contemporánea: entre lo extraño y lo cercano
El origen escultórico de Marta Prats no es un dato menor. Sus piezas tridimensionales —a veces cercanas a lo que llama “monstruos”— se mueven en un territorio ambiguo, entre lo inquietante y lo familiar.

Hay en ellas un humor peculiar: ligeramente oscuro, pero también ingenuo. No buscan provocar, sino adentrar la mirada. Como si lo extraño no fuese más que una versión desplazada de lo cotidiano.

Esa relación con el volumen, con la materia y con el cuerpo, permanece incluso cuando la obra se traslada al papel.

Grabado contemporáneo y materiales reciclados en el arte
Es en su obra gráfica donde esta forma de pensar se vuelve especialmente tangible. Marta Prats trabaja el grabado desde un lugar poco rígido, incorporando tanto técnicas tradicionales como soportes no convencionales.

El uso de linóleo convive con materiales reciclados como el tetrabrick —envases de uso cotidiano que la artista recupera y transforma en matrices de grabado—. Este gesto no responde únicamente a una lógica sostenible, sino a una forma de entender el proceso artístico: lo que ha sido descartado puede volver a tener sentido.
Las imperfecciones del material, sus resistencias, sus accidentes, no se corrigen. Se integran. Y en esa integración aparece una imagen que no podría existir de otra manera.

Obra gráfica para coleccionismo contemporáneo
En un contexto donde el coleccionismo de arte contemporáneo busca cada vez más conexiones personales y duraderas, la obra de Marta Prats se sitúa de forma natural.

Sus grabados no funcionan como versiones menores de otra cosa. Son piezas completas, con entidad propia, que conservan la intensidad del gesto y la coherencia de su lenguaje. Hay en ellas algo que se descubre con el tiempo, que no se agota en una primera mirada.

Una poética de lo cotidiano
Sus temas no son grandilocuentes. Personas, flores, escenas mínimas. Pero en esa aparente sencillez ocurre algo más complejo: una especie de suspensión. Las figuras no parecen actuar, sino estar. Y en ese estar se abre un espacio que invita a mirar más despacio.

Quizá ahí reside una de las claves de su obra para quien se acerca a ella desde el coleccionismo. No exige una respuesta inmediata. Es una obra que se deja habitar y que cambia con el tiempo.
En And-Art Works, nos interesa precisamente ese tipo de relación con el arte. No la acumulación, sino la convivencia. Marta Prats representa esa idea: una práctica coherente que encuentra valor en lo que otros pasarían por alto.

Hay algo silenciosamente radical en eso. En mirar un tetrabrick y ver una imagen posible. En modelar una figura que es, a la vez, extraña y cercana.

Y quizás, en ese gesto, haya también una forma de estar en el mundo.