Irene Carlos o El Silencio Azulado
por Antonio Ventura para And-Art Works Magazine
Y entonces contemplamos el azul, un azul que encierra muchos azules, un azul que se resuelve en silencio, bien podríamos casi decir que se trata de un silencio azulado. Sí, ese azul, aunque sería más correcto decir esos azules, pues son muchos los tonos en el que se manifiesta, creando una atmósfera que envuelve al espectador, de ahí que requiera ese silencio que emana del cuadro y contagia la mirada del usuario.

Ofrenda, Murmullos, Después de la cosecha, Luz de flor, Caminantes, ya los títulos de las obras nos dan la clave de ese universo que Irene Carlos ha ido creando en el silencio de su taller, en el que quizá, aunque ella no lo sepa, habitaba el silencio o quizá un murmullo, el mismo que acude al espectador cuando contempla cualquiera de estos cuadros.

Accedemos a pequeños escenarios en los que las formas se relacionan en composiciones armónicas, ordenadas. Unos escenarios que obedecen a una estructura en la que las formas se comunican, dialogan, y en los que el color armoniza la composición.

Los límites del cuadro están definidos en ese espacio presidido por el silencio. Da igual a que realidad nos remitan las formas, ya sea una flor, un árbol, unos caminantes… La obra que se escenifica es ese escenario es siempre la misma, pero siempre es diferente. Los colores, presididos por el azul, se acomodan a la materia que los vincula, los relaciona y genera una geografía estética en la que podemos viajar sin temor a perdernos. Irene ha definido un paisaje lleno de matices certeros y sugerencias plásticas que nos sugieren un itinerario en la que la belleza es la brújula.

De igual modo, como decía Torrente Ballester, que un autor escribe siempre el mismo libro, un pintor, en este caso pintora, traza siempre el mismo cuadro. Y esta una de las grandezas de la obra de Irene Carlos, ingresamos siempre en el mismo cuadro, pero ese cuadro es siempre diferente.

Y entonces, de nuevo, contemplamos el azul, un azul que contiene muchos azules. Como sucede en esa Ofrenda, que resume el universo estético de esta pintora que, aunque no lo sepa, además de las formas, los colores y la materia, añade a sus cuadros, ese sutil elemento: el silencio.
